Ser mejor sin ser perfectos

Ser mejor persona- Foto:Geralt/pixabay.com
Ser mejor persona- Foto:Geralt/pixabay.com

La sabia frase latina dice: “Mente sana in corpore sano”, pero eso no siempre funciona al revés; el cuerpo sano no siempre alberga una mente completamente feliz. La propia obsesión por la perfecta salud y el perfecto aspecto físico puede convertirse en enfermiza, por ejemplo.

Como todo en la vida, para ser felices necesitamos un equilibrio entre nuestra parte física, material, y la parte mental y emocional. Pero está comprobado que es mucho más poderosa esa faceta de los sentimientos y el estado de ánimo que la fortaleza y resistencia que pueda tener nuestro cuerpo. Personas con discapacidades, con enfermedades muy severas, con pocos recursos, se sobreponen a sus carencias todos los días y logran superar sus limitaciones, si cuentan con lo que de verdad es primordial: sentirse animosos y dispuestos a vivir.
Y, sin embargo, hacemos mucho menos caso a cómo somos por dentro que a cómo estamos por fuera.

Equilibrio y felicidad-Foto:Markusspiske
Equilibrio y felicidad-Foto:Markusspiske

Objetivo: ser feliz

Esforzarse por ser mejor persona no deja de tener una connotación egocentrista: es centrarse en lograr el propio bienestar emocional. La diferencia con el egoísmo es que éste solo busca satisfacer al propio ego, al propio orgullo, como su nombre indica. Mientras que el “egocentrismo” de procurar conocerse uno mismo, con sus defectos y virtudes, nos acerca más a la condición humana e implica conocer y aceptar también a los demás. Un amante de los gimnasios o de la comida saludable podrá sentirse despectivo hacia quien no tiene una buena forma física, pero una persona que comprende las limitaciones humanas no puede sentir menosprecio por un semejante, sino respetarle e intentar ayudarle.

Por eso es tan útil trabajar en nuestro crecimiento personal. No se trata de conseguir perfección alguna, ni ser mejor que otros, sino de mejorar cómo somos día a día, respecto de nosotros mismos; mucho más sencillo y mucho más deseable. Y nos hará ser felices y hacer felices a otras personas.

Conocerse uno mismo-Foto:Geralt/pixabay.com
Conocerse uno mismo-Foto:Geralt/pixabay.com

Conocerse uno mismo para ser mejor

Conocerse uno mismo no es simplemente saber cuáles son nuestras reacciones o preferencias en determinados aspectos. Si eres violento, o perezoso, o demasiado tímido, no basta con que lo asumas como un rasgo personal y cargues con ello o lo justifiques con el “soy así”.

Piensa que, en realidad, no eres lo que te hace peor de lo que podrías ser; algo en tu interior, quizás una parte de tu pasado, un modo de educarte, te ha hecho así. No eres tú, es lo que has adoptado como forma de ser.

Si quieres conocerte de verdad y mejorar tus defectos de carácter o de pensamiento, tienes que mirarte a ti mismo como mirarías a un extraño. No te juzgues mal o bien, solo obsérvate. Mira lo que sientes y analiza porqué lo sientes. No te quedes en la superficie de tus emociones; descifra porqué te disgusta lo que te disgusta, por qué no te comportas como te gustaría en ciertas ocasiones. Observa tu sentir y tus actos como si fueran los de otra persona y reconoce si te hacen sentir satisfecho contigo mismo o no. Aunque al principio resulte extraño y te cueste, luego se irá convirtiendo en un hábito que te hará pensar y actuar mucho más correctamente, por impulso.

Infórmate sobre aquello que enjuicias; considéralo desde diferentes puntos de vista y utiliza después tu criterio para decidir si has sido justo en tu anterior opinión o podrías matizarla mejor. Generalmente, el pensamiento rígido no solo suele estar equivocado, sino que se lleva mal con la bondad.

4 Pautas para el equilibrio-Foto: ShadowlessPhoenix
4 Pautas para el equilibrio-Foto: ShadowlessPhoenix

Cuatro pautas para ser mejor persona

En su libro “Los Cuatro Acuerdos”, el médico y escritor mejicano Miguel Ruiz recopila las máximas más significativas de la cultura tolteca para el equilibrio personal y espiritual de un ser humano. Basándonos en esos puntos milenarios, resumiríamos el crecimiento personal en seguir las siguientes pautas:

  • Utiliza bien tus palabras, lo que crees y lo que dices influyen en cómo es tu mundo y en cómo ayudas a formarlo. Las palabras pueden crear una realidad de honestidad y amor o un caos de mentiras y prejuicios. El poder de tus palabras te acerca o te distancia de los demás.
  • No supongas, conoce la verdad antes de dar nada por supuesto. Suponer te hace imaginar historias que poco o nada pueden tener de cierto.
  • Haz siempre lo mejor que sepas o que puedas hacer. Sea un trabajo, una afición, o tu entrega personal a la familia, amigos o pareja, si siempre haces lo mejor que puedes hacer nunca tendrás que arrepentirte ni oír reproches.
  • No te tomes nada como personal. Quien te quiere ofender no te ofende si no te das por ofendido, el daño se lo hace la persona que discrimina y acosa. Por otra parte, los halagos deben ser solo un aliciente momentáneo, una desinteresada prueba de afecto quizás, pero no dejes que sirvan para vanagloriarte porque eso puede hacerte manejable y superficial.

A miles de años y kilómetros de distancia, la filosofía de un pueblo indígena coincide con la de los sabios pensadores de todas las épocas y todas las culturas. Y se mantienen completamente actuales para el ser humano de nuestra era. Me parece un buen punto de partida para aprender a ser mejores personas de lo que éramos ayer.

Ser mejor sin ser perfectos

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