Saboreando chocolate

La historia y mi historia del chocolate- Foto: Aleksandra85foto
La historia y mi historia del chocolate- Foto: Aleksandra85foto

La historia y “mi” historia del chocolate. El origen de este delicioso y popular producto alimentício y su influencia en nuestros recuerdos.

Para hablar del chocolate, prefiero lo que me evoca y me sugiere que limitarme a la historia de su origen, cultivo y expansión por el mundo. Al igual que en la inolvidable novela “Como agua para chocolate”, prefiero que ese dulzor y esa suavidad sean la sombra que puntúa mis recuerdos, desde la infancia, que un simple listado de fechas y anécdotas lejanas en el espacio y en el tiempo.

Ola de chocolate- Foto: Realworkhard.
Ola de chocolate- Foto: Realworkhard.

Recuerdos de chocolate

Aquella chocolatina de la merienda, acompañando al rotundo panecillo de Viena, cuyo envoltorio de papel de plata alisaban mis dedos infantiles hasta convertirlo en un brillante, quebradizo y delicado espejo improvisado; aquellos bombones regalados por un joven pretendiente, que devoraba en la oscuridad de un cine, con la mano de él sobre mis hombros, y que eran lo único que calmaba a las mariposas inquietas de mi estómago de enamorada… Me interesa más recordar aquél olor intenso, especiado, dulce y algo amargo a la vez, del chocolate deshecho que elaboraban las mujeres de mi familia, como en la maravillosa obra de Laura Esquivel, que saber que provenía de unas semillas almendradas que los aztecas y los mayas, entre otras tribus americanas, utilizaban como alimento sagrado y moneda de cambio.

Y es que, ¿quién no ha disfrutado de niño, tras conseguir algún pequeño trofeo hecho de cacao?, ¿quién no agradece un chocolate caliente y reconfortante en una fría mañana de invierno, o se resiste ante un batido frío o un sabroso helado de chocolate en verano? ¿Quién no tiene recuerdos personales y entrañables, vinculados a ese producto tan común y familiar en nuestros días, aunque no sepa que fue tan solo una bebida amarga y espesa que consumían los indígenas mesoamericanos en la profundidad de sus selvas, hasta que llegó a Europa, en el siglo XVI?

Chocolate caliente- Foto:Havis
Chocolate caliente- Foto:Havis

Chocolate, oscura y deliciosa tentación

De su oscuro color, el del chocolate, me queda aún la patética costumbre de olvidarlo, concentrada tan solo en ese sabor que me encanta, y acabar siempre con la comisura de los labios delatando que acabo de comerlo; ni los años ni los buenos modales han conseguido que, de vez en cuando y más de lo que desearía, mis olvidados labios manchados de chocolate sean la consecuencia de saborearlo, para risa o desagrado de los que me vean después. Seguro que a muchos también les pasa, pero a mí ha llegado a no importarme y casi gustarme, ese descuido mío.

Más molestos y, seguramente, más descuidados que yo, los europeos de 1640 se libraron de los goteos al comer chocolate, gracias al invento de un español, don Pedro Álvarez de Toledo y Leiva, virrey de Perú y marqués de Mancera, por más señas, que ideó un recipiente específico para consumir sin marcharse la bebida de cacao. La proeza le valió para que dicho artilugio se conociera como “mancerina”, en honor a su título nobiliario.

Aún recuerdo con nostálgica alegría las boquitas rodeadas de manchurrones de chocolate de mis pequeños; caritas de delicia, dignas de inmortalizar en una foto graciosa; deditos pringosos, que procuraba con prevención de madre que no acabasen en la ropa o en los muebles… ¡manchas pertinaces, que había que frotar incansablemente para que no dejaran huellas eternas!… ¿Qué más da, frente a eso, que el chocolate se consumiera solo como bebida hasta 1728, año en que un repostero británico llamado Joseph S. Fry inventó el modo de convertirlo en un producto sólido?

Chocolate con amor-Foto: Sabrinai
Chocolate con amor-Foto: Sabrinai

El chocolate y la sensualidad

Pero el chocolate no es tan solo cosa de niños, ni de almas inocentes. Tiene una parte sensual, provocadora y hasta de gula, que sin duda ha dado pie a toda la mala o buena fama que posee en la actualidad.

Haciendo caso de la pertinaz historia de su aceptación en Europa, es curioso enterarse de que las damas francesas de alta alcurnia bebían chocolate en mitad de los servicios religiosos, para no desfallecer durante los largos y tediosos sermones. A los obispos de la época no parece que les agradase mucho esa distracción en medio de sus homilías, ya que acabaron por prohibir esos piscolabis energéticos. Qué hubiesen pensado de saber que, siglos después, el chocolate sería considerado desde afrodisíaco a “sustituto del sexo”.

Tan solo imaginando, aunque quizás lo he comprobado empíricamente, debe ser todo un placer erótico combinar la práctica del sexo con la degustación de un rico chocolate. Imaginen lo explosivo de esas dos experiencias juntas, ya de disfrute por separado. Parece ser que, la fama de afrodisíaco y de “sustituto del sexo”, le viene al chocolate, además de por el evidente deleite que supone saborearlo, porque algunos estudios científicos argumentan que su consumo provoca el aumento de la libido, al activar la serotonina y contener feniletamina, un liberador de las endorfinas causantes del deseo y la atracción sexual, por lo que su ingesta genera las mismas sustancias que nos producen el placer sexual. Eso sí, solo si se trata de chocolate negro, es decir, el más puro y de más alto contenido en cacao que en aditivos como azúcar, harinas o leche.

Chocolates para todos- Foto: ddouk
Chocolates para todos- Foto: ddouk

El buen chocolate

Otros bulos y teorías médicas señalan al chocolate como causante de la aparición del acné, las caries o las migrañas; por no hablar de la aplastante acusación de ser prohibitivo en las dietas por aportar demasiadas calorías. Alivia saber que, con un consumo razonable, no tiene porqué producir en nuestro organismo ninguna de esas catastróficas consecuencias. Yo prefiero pensar en sus propiedades energéticas, sus beneficios para el estado de ánimo y en que, dicen los médicos, su consumo moderado reduce el riesgo de enfermedades vasculares y del corazón…Algo así, con ese delicioso sabor y con tantas utilidades, alimenticias o no, no puede ser malo.

Saboreando chocolate

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: