Ruptura sentimental, cuando el amor se va

Foto de Geralt/pixabay.com
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Cuando se pierde a alguien, cuesta encontrarse a uno mismo. Si se trata de una ruptura, es inevitable el sentimiento de haber sido traicionado, da igual quién dejase a quién…; a menos, claro, que una de las partes ya tenga “sustituto” para ese “corazón partío”.

Sensaciones como las de la traición, el abandono, la soledad, la carencia y una enorme vulnerabilidad, son inevitables tras la ruptura, no solo de pareja, sino entre familiares o amigos con los que se han convivido o han estado muy cercanos.

Algo parecido sucede cuando el duelo es por una muerte. Por preparados que estemos para ese trance, por mucho que se sepa que el familiar sufriente por fin descansa, han de atravesarse las fases de ese duelo, que van desde la “negación” hasta la “aceptación” final. Esas fases – y sus múltiples variantes- fueron descritas por primera vez por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, en cinco etapas que define en su obra “On death and dying” (Sobre la muerte y los muribundos”). De todo ello hablaremos en otro artículo, pero por ahora vamos a ocuparnos de las rupturas de pareja.

Foto de Alexas/pixabay.com
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Los síntomas emocionales de la ruptura sentimental

Si lees esto porque acabas de separarte de tu pareja o estás tramitando un divorcio, ten en cuenta que te hablo desde la experiencia personal y profesional. Es positivo conocer de primera mano las emociones que se crean tras una ruptura sentimental, pero también analizar esas emociones desde el punto de vista psicológico, para conseguir la mayor objetividad que permita ver la luz al final de ese túnel. Las circunstancias de cada persona marcarán ciertas diferencias en el ánimo particular, pero los sentimientos ante esas circunstancias suelen parecerse en todos nosotros.

En concreto, cuando se produce una ruptura sentimental, comienza el caos emocional en cada uno de los miembros de la pareja. Dolor, rencores, incomprensión… Esa confusión puede verse paliada en quien rompe la anterior pareja para proseguir su relación con una nueva pero, no obstante, incluso en esos casos las dudas, incertidumbres y sentimientos encontrados se hacen presentes.

Foto de Geralt/pixabay.com
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La imagen de la ex pareja

Sin embargo, la parte de la pareja que “es dejada”, por decirlo así, es quién más nota esa confusión y ese “coctel emocional” que trastoca su personalidad. El primer síntoma, aunque inaceptado, suele ser una bajada en la autoestima. De repente, se pasa de vivir en pareja- quizás muchos años- a estar solo o sola. Eso implica la pérdida no solo física de esa otra persona, sino, tal vez, de un estatus social o de bienes materiales, lo que da un vuelco completo a la vida establecida. Muchos separados y separadas lo describen diciendo que es como “si les faltase un trozo de sí mismos”; la equivalencia no es desacertada.

Si a esa sensación de “orfandad espiritual” le añadimos la sensación de haber sido traicionados, incomprendidos y/o abandonados por el otro, todo eso conlleva a percibirnos de repente como inferiores, menospreciados o menospreciables, descartados de alguna manera por quien creíamos que nos conocía bien. A la repentina carencia de esa presencia en la que confiábamos, incluso manteniendo diferencias irreconciliables, se suma que esa persona se convierte de pronto en el oponente, cuando no en “el enemigo”. Y, de ahí, que exista un habitual descenso de la propia autovaloración, en esa primera etapa.

Por muy herido que tengamos nuestro orgullo, las dudas harán que nos preguntemos qué nivel de culpa tuvimos en la ruptura, qué hicimos tan mal, o porqué no se nos comprendió. Culpabilizarse o culpabilizar al otro no sirve de nada y no suele aclarar la situación. Pero, no se preocupen, sentir eso es normal y recuperar la propia autoestima cuestión de tiempo, si cuidamos de no trasformar esos pensamientos en convencimientos interiorizados, que pueden llevar a la depresión.

Foto de marcisim/pixabay.com
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Nueva relación tras una ruptura

Un comportamiento muy común tras una ruptura sentimental suele ser el de buscar una nueva pareja, al poco tiempo de dejar la anterior relación. Comprensiblemente, es un intento de rehacer la vida sentimental y volver a sentirse bien, cubriendo ese aspecto emocional al que se está tan habituado. Eludir la soledad, volver a sentirse amado o amada, resarcir el orgullo herido percibiendo que se es atractivo y deseable para otra persona…Esas y otras muchas razones pueden empujar a quien acaba de romper su relación de pareja a unirse a una nueva, casi de inmediato. Pero, en la práctica, estas situaciones suelen ser un error.

Para que los sentimientos sean limpios y reales, deben sanarse. Una persona con su emocionalidad herida y convulsa, no puede concentrarse en nuevos sentimientos. Precipitarse en aceptar el amor de otra persona, puede llevar a más confusión y conflictos. En primer lugar, a preguntarnos si somos honestos al responder a ese amor, y si no actuamos por motivos menos afectuosos. El recuerdo del pasado no se diluye forzando el presente. Dañar a esa nueva persona que nos ofrece su amor y su tiempo de vida, tan solo puede perjudicar a ambas partes. Ser deshonesto con ella y con nosotros mismos, tan solo hará que nos sintamos peor.

Es mejor concentrarse en sanar esa herida emocional, darse tiempo, cuidar de uno mismo o misma, volver a quererse antes que a nadie más. Luego, podremos comenzar de nuevo, felices y seguros.

Foto de Geralt/pixaby.com
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Comenzar de nuevo

En realidad, nuestra vida no se detiene porque ciertas personas importantes se acaben de ir de nuestro entorno. Seguimos siendo quien siempre fuimos y así nos ven el resto de nuestros familiares, amigos y compañeros. Es nuestra mente la que nos hace creer que existe un antes y un después. Por supuesto que muchos aspectos de nuestra vida cotidiana cambiarán, que algunas personas de nuestro círculo más próximo se alejaran o cambiará el tipo de relación con ellas; pero no debemos convertir estos hechos en añadidos problemas o agravios. Al final, la vida se encarga de mostrarnos quién permanece a nuestro lado porque nos aprecia, y quién no.

Valoremos esto como algo positivo, dándonos cuenta de que lo único que ha cambiado son nuestras circunstancias personales, que solo a uno mismo incumben; nada más. Apoyarse en las buenas amistades, en disfrutar y conservar lo que aún poseemos, en el afecto de los familiares más cercanos, colabora a mantener esa sensación de protección y pertenencia que siempre hemos tenido. Nadie que nos quiera se alejará por vernos en un mal momento, por nuestros desahogos puntuales o porque le pidamos ayuda. La confianza se agradece y se corresponde, cuando se quiere a alguien.

Y, como digo, en todo lo demás, nosotros seguimos siendo los únicos responsables y debemos ser nuestros mejores aliados. Con o sin pareja, continuamos siendo personas válidas, capaces y dispuestas a salir adelante. Y se puede, claro que se puede, incluso descubriéndonos mejores y más fuertes que cuando estábamos en pareja.

Ruptura sentimental, cuando el amor se va

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