Qué hacer con el rencor

Foto: Berkemeyer/pixabay.com
Foto: Berkemeyer/pixabay.com

Cómo vencer el rencor y liberarse de él para siempre, es un proceso. Y hay que entenderlo paso a paso.

Cuando nos tratan de forma injusta nos sentimos heridos, a veces muy profunda y dolorosamente. Distintos factores harán que el rencor que comienza hacia esa persona o personas sea más o menos intenso pero, de no neutralizar ese hiriente resentimiento, se irá extendiendo en el tiempo, bloqueando y enturbiando nuestro presente. Es fácil aconsejar el perdón como remedio de todo rencor; pero no es tan fácil perdonar cuando te han hecho un daño que aún sigue presente de alguna forma ¿Qué hacer con el rencor y en qué se fundamenta?

Expresar el rencor es la llave-Foto: Pezibear/pixabay.com
Expresar el rencor es la llave-Foto: Pezibear/pixabay.com

Expresar el rencor, desde la sinceridad

Lo intentaremos comprender con el relato expuesto en una carta que alguien dirigía a la persona a quien consideraba su mayor verdugo incluso en la distancia, quien más le había dañado en su vida. La carta empezaba así:

“Quiero dejar de odiarte pero no para olvidarte, sino para recordarte bien. Quiero dejar de odiarte para que el rencor no envenene mis recuerdos. Quiero dejar de odiarte para sentirme libre, dominar mi vida, y que el pasado deje de doler en el presente…Quiero dejar de odiarte por mí; no por ti.”

Era la carta de alguien que por fin había entendido el camino. Era el mensaje de alguien que sabía lo que es sufrir, y lo inútil que resulta. Era el primer paso en el buen camino para dejar el rencor. Una carta muy importante, crucial, y que jamás sería enviada.

Venganza- Foto: Tumisu/pixabay.com
Venganza- Foto: Tumisu/pixabay.com

Cuando el dolor se vuelve rencor

Quien escribió la carta con la que hemos comenzado, sabía hacia quién sentía resentimiento, rabia, enfado. Lo que es posible que no tuviera tan determinado, antes de empezar a escribir, es el por qué concreto de su rencor. En su ofuscación hacia esa persona que le había lastimado, ya no sabía qué de ella podía valorar positivamente; uno de los primeros efectos del rencor es presentar como despreciable a quien nos dañó, naturalmente. Pero, precisamente por verlo así, el pasado en común con esa persona se vuelve algo amargo, difuminado como si hubiese sido falso; y cualquier recuerdo de tiempos compartidos nos hace sentir mal.

El rencor hace olvidar que hubo un tiempo en que existió empatía, amistad o incluso amor entre esas dos personas, el odiado y el que odia. Cuando nos damos cuenta de eso, es el momento de detenerse y pensar: ¿Crees que amar es despreciable? ¿Piensas que nunca fue auténtico? ¿Fue auténtico por tu parte? Si tu respuesta a la última cuestión es sí, algo valió la pena, para empezar.

Fue lo primero de lo que se dio cuenta el autor o autora de esa carta, y lo que transmite en ese primer párrafo: que eran sus recuerdos, una parte importante de su vida la que estaba perdiendo por esas nuevas emociones negativas. Es como si hubieras tenido algo bello, que disfrutaste y fue tuyo, y por haberse estropeado te convencieras de que fue basura, olvidando lo bien que entonces te sentiste, lo mucho que te sirvió, la felicidad que recibiste y que pudiste dar. Era amor, ya no lo es, acepta ambas realidades pero… ¡no dejes que un comportamiento injusto te convenza de que no fue amor!

Crear y no destruir- Foto:Jedidja/pixabay.com
Crear y no destruir- Foto:Jedidja/pixabay.com

El rencor por las culpas del otro

Una persona sabia fue en busca de un amigo del que sabía que estaba sufriendo por el resentimiento hacia alguien que le traicionó gravemente.

“Sé que lo estás pasando mal y he pensado que podría enseñarte a hacer figuritas de barro para que te relajes un poco”, le dijo.

El amigo aceptó y pasaron toda la tarde fabricando pequeñas figuras, no siempre muy artísticas. Por fin, el amigo logró hacer un pequeño pájaro de barro, frágil y bello. Satisfecho y orgulloso, comenzó a sonreír por primera vez en mucho tiempo, sosteniendo delicadamente su obra entre sus manos. Entonces, su sabio amigo empezó a hablarle de la persona que le había lastimado y que tanto odiaba; él intentaba aguantar aquella desagradable conversación, pero el dolor y la furia le hacían sentirse más y más de mal humor. De repente, se dio cuenta de que había estado apretando entre sus manos su pequeña obra de barro y la había roto; solo quedaban unos cuantos pedazos de tierra deforme. Ante su consternada sorpresa, su amigo le dijo:

“¿Ves para lo que sirve el odio? Has estado creando algo hermoso, con tu cariño y esfuerzo; y ha bastado el recuerdo de ese pasado perturbador para que tú mismo destroces lo que tanto orgullo te producía. Quien te hizo daño ya no está aquí; tú mismo has sido el que ha roto esa figura de barro. Si dejaras de sentir rencor, todo lo que ahora haces permanecería intacto.”

El presente es, día a día, lo único que vivimos y lo único que importa, por eso mismo. Es una nueva oportunidad que nos permite crear algo nuevo, dejando atrás el pasado. De nosotros depende elegir si nos ponemos a reinventar y valorar nuestra vida o seguimos anclados a los malos recuerdos.

Meditar el perdón- Foto: Johnhain/pixabay.com
Meditar el perdón- Foto: Johnhain/pixabay.com

El camino hasta el perdón

Volviendo a la carta, su autor o autora la continúa, contándole a su agraviador todos los hechos o motivos por los que sintió que se herían sus sentimientos o se le perjudicaba en su vida. Argumentos y razones aparte, termina diciendo:

“Después de tanto repetir en mi cabeza todo esto que te he contado y todo cuanto ya sabes tú, siento cansancio y hastío infinitos; y otra vez el dolor. El rencor hacia ti me consume demasiadas energías, que necesitaría para rehacer mi vida, para disfrutar de ella, para estar con quienes sí me quieren y están a mi lado. En cambio, en éste círculo emocional de tristeza, resentimiento e ira, solo me quedan fuerzas para desear recuperarme, para lograr olvidar; sin conseguirlo. Por eso quiero ponerle punto final a odiarte; porque solo me conduce a mi propia autodestrucción. No te hablo de perdón, aunque espero sentir que puedo hacerlo muy pronto. Perdonar es la segunda parte de este camino; la primera es dejar de odiarte para que salgas definitivamente de mi vida. Espero lograrlo encarando el pasado, dejando de emitir juicios, dejando de imaginar lo que sentías o lo que querías, perdonándome yo ante todo. ”

Perdonar no puede ser un hecho instantáneo; es imposible ir en contra de las emociones y ser sincero. Perdonar es un proceso, un trayecto en el que resolver los dos pasos anteriores – recuperar la perspectiva de la propia historia y pensar en el presente y el futuro, dejando atrás el pasado- es imprescindible. Hasta que esos dos pasos no están asumidos y logrados, es incierto decir que se perdona.

Hablaremos del perdón en otro artículo, pero no hay que darlo a la ligera, ni avergonzarse o culpabilizarse de no poder perdonar rápidamente.

Romper las cadenas- Foto:ClkerFreeVectorImages/pixabay.com
Romper las cadenas- Foto:ClkerFreeVectorImages/pixabay.com

Una carta para sanar las emociones

Quien escribió esa carta jamás la envió a su destinatario, porque así debía ser. La concluyó, la releyó y la destruyó, porque esa es la manera de limpiar la mente y el alma del pasado abrumador. Es una misiva sobre el otro, dedicada a uno mismo; mejor dicho, dedicada al rencor que manipula y destruye la propia vida.

Con una carta así,  se consigue expresar todo ese relato doloroso que se repite y se descompone en nuestro interior, ver de forma más clara qué nos está pasando realmente, comprender la inutilidad de mantener el resentimiento o las ansias de venganza. Es una forma de enfocarnos hacia la sana reparación, para después hacer posible el perdón absoluto. Estos son los primeros pasos para saber qué hacer, si sientes rencor.

Qué hacer con el rencor

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