Necesidades humanas emocionales

Necesidades humanas-Foto de: Geralt/pixabay.com
Necesidades humanas-Foto de: Geralt/pixabay.com

Para una vida lo más completa y saludable posible, necesitamos cubrir más facetas que las de mantener nuestro cuerpo en forma y bien nutrido. La salud no es solo física, sino anímica, y eso incluye al aspecto mental y al sentimental.

El ser humano es un animal gregario, que precisa de su realización personal y su integración social, y nadie duda ya de que es necesario ver correspondido el sentimiento de cercanía, confraternización, valoración y/o afecto para sentirse bien con uno mismo. En realidad, los estudios científicos sobre la influencia de los sentimientos en la salud demuestran que un alto porcentaje de enfermedades y trastornos habituales se producen cuando existen conflictos emocionales continuados en la psique de las personas. Valorarse uno mismo y ver reflejado ese aprecio a su persona en el exterior son dos facetas imprescindibles para ser personas saludables y felices.

Pirámide de Maslow- Foto: J. Finkelstein, traducido por Mikel Salazar González/Wikipedia.com
Pirámide de Maslow- Foto: J. Finkelstein, traducido por Mikel Salazar González/Wikipedia.com

Necesidades humanas, según Maslow

Abraham Maslow, el célebre psicólogo estadounidense, ya se encargó en 1943 de crear su famosa “pirámide”, donde deja clara su tesis de las necesidades humanas vitales, incluyendo en lo más alto el plano psicológico y emocional. Para Maslow, satisfacer los sentimientos de seguridad, pertenencia, reconocimiento y autorrealización, es el componente indispensable de una vida completa y sana. Y muchos estaremos de acuerdo, incluso por haber comprobado en nuestras vidas los efectos de la presencia o la carencia de esa satisfacción emocional.

No en vano, los experimentos militares para la obtención del soldado-robot, el soldado incondicionalmente obediente e imperturbable, se basan siempre en la conversión o creación de mentalidades humanas carentes de toda empatía, sin sensibilidades emocionales, donde cualidades consideradas valores humanos en otros ámbitos, se interioricen como comportamientos vergonzosos, pusilánimes e inútiles. Evidentemente, la mentalidad no ya psicópata, sino sociópata, parece la más adecuada para dañar, matar o morir en nombre de un objetivo prefijado y sin remordimiento alguno. Y esto demuestra que su contrario- la necesidad anímica de corresponder y ser correspondido en sentimientos de amor, apego y aprecio– es lo naturalmente intrínseco en la espiritualidad humana. Así lo entiende nuestra mente, y así lo demanda, incluso en casos en los que el sujeto no ha experimentado nunca el afecto, el reconocimiento o la inclusión de los demás hacia su persona.

Necesitamos al equipo- Foto: Geralt/pixabay.com
Necesitamos al equipo- Foto: Geralt/pixabay.com

Emocionalidad satisfecha, productividad segura

En el aspecto inverso al de los soldados-sicarios, otras investigaciones científicas apuntan los beneficios de todo orden que se consiguen potenciando la buena disposición y el bienestar emocional de los implicados en un cometido, el que sea. Beneficios que redundan en la salud general pero también en los rendimientos productivos y económicos del colectivo en cuestión.

Un ejemplo sencillo es el trato que se daba en las escuelas de épocas más oscuras y remotas, comparado con los resultados obtenidos en otro tipo de educación más actual y humanitaria. Aquello de “la letra con el palo entra” lo llevaron literalmente a la práctica los maestros de otros tiempos, consiguiendo alumnos atemorizados que recitaban como loros la lección dolorosamente aprendida. Sin embargo, la buena pedagogía ha demostrado, posteriormente, que un niño o adulto bien motivado, que se siente arropado y valorado por su mentor o profesor, se abre voluntaria y entusiastamente al aprendizaje de cualquier temario.

También en el campo empresarial se va poniendo en práctica teorías psicológicas que animan a la empatía y la buena relación, logrando resultados sorprendentes en el aumento de la productividad de los empleados. Obviamente, es mucho mejor un buen ambiente de trabajo y una cordial relación entre mandos y subordinados que una atmósfera férrea y tensa, cargada de prejuicios y rencores.

Cómo amar- Foto: Geralt/pixabay.com
Cómo amar- Foto: Geralt/pixabay.com

Cómo queremos a nuestros seres queridos

Alfred Einstein no andaba muy desencaminado al remitir a antecedentes de conflictos en la infancia, como causa de casi todos los trastornos psicológicos conocidos. Todos sabemos de casos de hogares desestructurados, de padres inflexibles o incluso violentos, donde los hijos se han criado padeciendo y desarrollando comportamientos alienados. No hace falta que se conviertan en delincuentes o repitan de adultos lo que sufrieron de niños; simplemente, algo disfuncional en su emotividad los marcará de por vida y acabará por pasar factura. Algo muy similar ocurre con personas educadas por padres demasiado permisivos o en aquellos que crecieron ignorados o ninguneados por sus tutores.

Pero las necesidades humanas emocionales están presentes en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Los enemigos del equilibrio mental y la empatía son la ignorancia y el prejuicio. Tratar a los demás como te gustaría que te trataran no es mal precepto, a menos que seas un completo masoquista emocional. A fin de cuentas, todos demandamos lo mismo: querer y que nos quieran. Para ese objetivo, es necesario querer como queremos que nos quieran. Y ese “como” implica no solo un contenido, el propio afecto, sino la forma de demostrar ese afecto.

Ayuda y respeto, no es tan heavy- Foto: Johnhain/pixabay.com
Ayuda y respeto, no es tan heavy- Foto: Johnhain/pixabay.com

Ayudar es amabilidad y no rechazo

No es posible ayudar a nuestros seres queridos más que en la medida que creen necesitarlo y en lo que desean ser ayudados. El viejo adagio español de “quien bien te quiere te hará llorar” no tiene sentido en la realidad de los afectos ¿Cómo se puede hacer sentir mal a quien amamos, buscando su bien? No hablamos de la reprimenda a un niño, ni de que deba aceptarse todo de quien amamos. Hablamos de que, el amor bien entendido, respeta y se sobrepone a cualquier diferencia de criterio o cualquier adversidad, uniendo en lo positivo, minimizando los malos momentos; nunca el enfrentamiento demuestra amor, reconocimiento del otro o respeto a sus sentimientos. Encarar la verdad o los momentos duros no significa hacerlo con comportamientos que generen más dolor y más conflicto; si de veras nos importa la otra persona, veremos de demostrarle apoyo, cariño y comprensión.

Abrazo- Foto: erge/pixabay.com
Abrazo- Foto: erge/pixabay.com

Necesitamos el abrazo

Queda claro pues que, tanto en las mejores como en las peores circunstancias de nuestra vida, todos necesitamos y demandamos la cercanía de los demás. Gestos como el abrazo son demostraciones de reconciliación, amor y ternura. Deberíamos abrazarnos más, por los efectos benéficos que comporta; el principal, estrechar lazos de afecto y aceptación mutuos. Pero también es un contacto, piel con piel, que disuelve malos pensamientos, rencores y crispaciones; es un simple gesto que conforta y que resume toda la esencia de la vida: al final, ¿qué es más importante que demostrar el amor? Y no siempre hace falta que sea un abrazo físico; en muchas ocasiones, la atención del otro, su comprensión y buena voluntad hacia nosotros, resultan un cálido acogimiento y un alivio anhelado. Cuando ofrecemos nuestro apoyo, o simplemente somos amables con quien estimamos, sentir la respuesta de gratitud y de amor de quien se siente respaldado por nosotros es también la mejor de las recompensas al esfuerzo de entender y acercarnos a quienes queremos.

Todos nos necesitamos; el día en que cada uno de nosotros comprenda eso y lo ponga en práctica, todos seremos más felices.

Necesidades humanas emocionales
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