La mente conectada al estómago

Mente y Cuerpo -Foto: Johnhain/pixabay.com
Mente y Cuerpo -Foto: Johnhain/pixabay.com

Mente y estómago, conectados e interrelacionados, influyen en nuestra salud física y mental.

Las “mariposas en el estómago” de cuando te ilusionas con algo o te enamoras, la sensación de recibir un “puñetazo” en el vientre ante una sorpresa desagradable, o ese “nudo” que notamos en la zona estomacal bajo un estado nervioso, de estrés o de miedo, parecen tener su explicación en lo que serios estudios científicos denominan “el segundo cerebro” humano. De hecho, se llama así al conjunto neuronal que se encuentra, aunque parezca increíble, en nuestros intestinos, recubriéndolos, que técnicamente es llamado sistema nervioso entérico y que interactúa con la mente.

Neuronas- Foto:Geralt/pixabay.com
Neuronas- Foto:Geralt/pixabay.com

Conexiones entre estómago y mente

El estudio de las conexiones entre el cerebro y las ramificaciones nerviosas del estómago se remonta a unos veinte años atrás. A la especialidad se le llamó neurogastroenterología, y renombrados doctores desarrollaron sus tesis sobre esta novedosa materia. Uno de ellos es Michael Gershon, presidente del Departamento de Anatomía y Biología Celular del New York-Presbyterian Hospital, perteneciente al Columbia University Medical Center, quien escribió en 1998 el libro “El segundo cerebro”. Así que, aunque para la ciencia se trata de unos descubrimientos relativamente recientes, los avances en las investigaciones se vienen realizando desde hace dos décadas.

La neurogastroenterología, estudia de qué manera se interrelacionan los circuitos neuronales de mente (cerebro craneal) y estómago. Se ha comprobado, por ejemplo, que las ramificaciones nerviosas intestinales determinan la buena digestión de los alimentos, lo cual parece lógico, pero que en ello intervienen también cierta clase de pensamientos o emociones que gestiona el cerebro de nuestra cabeza, y cuyas señales recibe ese “segundo cerebro” estomacal.

Así mismo, o por eso mismo, se ha sabido que “el cerebro estomacal” tiene un importante papel en el estado mental de las personas y en que se produzcan o no determinadas enfermedades mentales. Ello significa que, la conexión neuronal entre cerebro y estómago, tendría que ver con los síntomas que producen las emociones en el organismo, aunque las neuronas intestinales no tienen capacidad para dirigir el pensamiento consciente.

Cerebro y comida- Foto:Johnhain/pixabay.com
Cerebro y comida- Foto:Johnhain/pixabay.com

Efectos de la mente en el estómago, y viceversa

Está comprobado que muchos problemas emocionales, incluyendo trastornos como la ansiedad, el estrés o el más grave de la depresión, se somatizan con molestias, alteraciones y enfermedades del aparato digestivo. El colon irritable (o colitis nerviosa) es una de las enfermedades más conocidas de las que se producen a causa de factores psicológicos. Se trata de cambios en la motilidad digestiva (estreñimiento o diarrea bastante habituales), dolores abdominales, meteorismo y flatulencias asiduos, y otros síntomas para los que no se encuentran causas físicas y que suelen remitir en cuanto se soluciona el problema psicológico o emocional.

Pero otras sintomatologías del aparato digestivo, menos graves aunque igual de molestas, pueden deberse también a causa de estados alterados de la psique o del ánimo. La ansiedad crónica suele producir sensación de nauseas continuas, inapetencia o, por el contrario, disfuncionales ganas de comer para olvidar la tensión nerviosa. Estos desarreglos suelen desaparecer en cuanto se consigue el fin del conflicto y/o la relajación emocional.

Por esas u otras enfermedades similares, muchas personas acuden al especialista digestivo, sin imaginarse que la solución estaría acudiendo a un psicólogo o solucionando lo que altera su estado anímico; es decir, muchas veces, un simple cambio de perspectiva en nuestros pensamientos permite una buena digestión y el correcto funcionamiento de esas redes neuronales que conectan el intestino con el cerebro craneal.

A la inversa, el estado en que se encuentra nuestro estómago también influye en el estado anímico y la conducta. El conocido mal humor de quien sigue una dieta severa o insuficiente, es producido por la disminución, al comer menos, de un aminoácido, el triptófano, y de la serotonina que dicho aminoácido ayuda a generar. La serotonina, que se almacena hasta en un 95% en el aparato digestivo, es un neurotransmisor que regula las emociones a nivel cerebral, por lo que su descenso en el organismo provoca más agresividad.

Solo hemos hablado de unas pocas funciones y conexiones que interrelacionan a cerebro y estómago, pudiendo influir en el bienestar de ambos sistemas y del organismo en general. Existen muchas más consecuencias de esa relación entre redes neuronales, hormonas y funciones que desempeñan, que claramente pueden incidir en el estado mental y digestivo de las personas.

La mente conectada al estómago

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