Interpretando nuestro personaje

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La expresión de los sentimientos

La forma de expresar nuestros sentimientos depende de la manera en que los interpretamos en nuestro interior.

Lo que sentimos en cada momento, cómo reaccionamos ante cada situación, cada interrelación con otras personas, la manera en que interpretamos lo que aprendemos o las enseñanzas que extraemos de nuestro entorno y nuestras experiencias personales, determinan cómo vemos la vida y nuestra forma de expresar lo que sentimos al exterior.

Aprendiendo el guión de la vida

Por eso es tan importante el concepto que nos formamos de cada cosa, por la influencia que, ese modo particular de verlo, va a tener en nuestro modo de vivir. Asumir las circunstancias vitales de determinada manera marcará nuestras acciones y sus resultados. Nuestros pensamientos influyen en nuestros sentimientos y nuestros sentimientos en nuestros actos que, a su vez, crearán nuevas circunstancias – “buenas” o “malas”, mejores o peores- que asumir y afrontar.

Y no siempre estamos preparados para actuar de la mejor manera, ni somos capaces de expresar los sentimientos de cada momento importante. Las creencias más sólidas, la autoestima más formada, pueden desplomarse bajo algunos incidentes críticos. Ninguna existencia se libra de malos momentos, inesperados y duros, y la confusión y la inseguridad pueden aparecer para desubicarnos emocionalmente por completo.

Pero, no hace falta que se den los malos tiempos para que sintamos dudas, confusión, ira o tristeza. El ser humano actual está zarandeado por un exceso de información – no siempre cierta- y un cúmulo de roles que asumir. Esa presión emocional no es lo más conveniente para la propia paz y seguridad internas.

Nuestra vida interior, íntima y particular, puede parecernos distinta a la de los demás; y lo es, porque es nuestra vida, la única que tenemos. Lo que no es tan distinto es lo que sentimos, a raíz de lo que creemos de cada cosa. Algo tan simple como apartar el pudor emocional para compartir cómo nos sentimos o lo que pensamos con los demás, en determinados momentos, puede hacer que nos demos cuenta de que vivir es algo particular pero conectado a los demás íntimamente. Y que comprendamos que vivir no es duro, aunque sea complicado.

¿Así es la vida?
¿Así es la vida?

El drama exterior, no lo conviertas en “tú película”

Generalmente, entendemos lo que nos viene desde afuera con un exceso de dramatismo y prevención. Nos han enseñado que “la vida es dura”, así lo muestran a diario multitud de películas, programas de televisión, noticias y novelas de las que nos nutrimos mentalmente. No entendemos que, si imaginamos que ese es nuestro entorno, a él intentaremos adaptarnos, estando a la defensiva continuamente, compitiendo con los demás, temiendo supuestos ataques o urdiéndolos para ser los mejores. En pocas palabras, solemos interpretar la vida como una agresión continua que debemos esquivar. En esa defensa del posible mal exterior, del temor a lo desconocido que nos puede sobrevenir, minimizamos nuestra empatía y la cambiamos por desconfianza hacia “el otro”, preventivamente, hasta hacernos una idea de si podemos confiar en esa persona. Y, si eso es así como un estímulo automático cuando no pasa nada extraordinario, los percances o incidentes desagradables nos suelen parecer auténticos dramas insuperables.

Si en algún momento nos sentimos solos y vulnerables, es cuando un acontecimiento desafortunado nos alcanza. La pérdida de trabajo, el fallecimiento de un ser querido, una ruptura de pareja o con algún familiar muy estimado, sufrir una enfermedad o que la padezca alguno de los nuestros, perder propiedades o dinero…; los desastres pueden ser múltiples y suelen venir como de improviso, aunque se queden por más o menos tiempo ¿Cómo reaccionamos ante ellos? Generalmente, con tanto terror y ansiedad que intentamos ocultar nuestros sentimientos, mientras por dentro nos sentimos indefensos, heridos y furiosos. La desesperación no conduce a nada, en ningún caso, pero tiene los brazos muy largos y suele atraparnos.

Roles aprendidos
Roles aprendidos

¿Interpretas la realidad o la reinterpretas?

Interpretar un papel, al modo de un actor o actriz, es asumir esa personalidad que te atribuye el guión y llevarla a cabo, tal cual. En la vida real, se nos muestra una serie de características que, se da por supuesto, deben acompañar a determinadas circunstancias y que, sin embargo, encierran confusas paradojas: si estás triste se espera que llores, pero se te ruega que no lo hagas, que “mantengas la serenidad o la compostura”, que “no te derrumbes”, al menos en público. Ese pudor hacia mostrar los sentimientos es fruto de la poca empatía y de la incomprensión moral que nos demostramos unos a otros.

Forma parte del papel, del rol que se nos atribuye como adultos. Si, por el contrario, te muestras despreocupado y alegre ante un duelo, también eso será mal valorado, al margen de tus motivos.

Algo parecido ocurre si lo que sientes es furia, rencor o sensación de odio. Son emociones que se ocultan, porque culpabilizan más que se entienden. Si alguien se siente así, lo que habría que hacer es ayudarle a ver porqué y enseñarle a librarse de esas emociones negativas; no culparle por lo que siente y pedir, simplemente, que perdone. El perdón es un proceso que hay que conocer y que se compone de varias fases; hay que pasarlas todas para que sea real.

Sanar las emociones, en lugar de ocultarlas. Poder confiarlas a otras personas, en vez de esconderlas por temor a sus juicios. Reconocernos humanos, con nuestras bajezas y nuestras virtudes, es el camino de reinterpretar la realidad de un modo constructivo y sensato.

Diviértete viviendo
Diviértete viviendo

Reinterpreta la realidad; haz tu rol a tu medida

El modo de minimizar el sufrimiento es minimizar el drama. Hay sentimientos ineludibles que, por desagradables que sean, debemos asumir como propios. No pasa nada por reconocerlos, mientras que querer negarlos puede darles el caldo de cultivo que precisan para crecer en nuestro interior, envenenando nuestra mente y nuestra vida. No es malo sentir ira, o tristeza, o miedo; lo malo es dejar que nos dominen esas emociones.
Puedes reinterpretar tu vida, cambiar esos comportamientos que te fija el guión estipulado, entender las cosas que ocurren de otra manera. Iremos tratando diversas circunstancias y como reinterpretarlas en otros artículos pero, a título general, ten presente que eres dueño y director de tu vida y, por tanto, de tus emociones. De ti depende interpretar el papel que te ha sido asignado, o reinterpretarlo con lo que verdaderamente sientes y del modo que más te puede ayudar. De cada capítulo de nuestra vida hay una enseñanza que extraer; no te dejes llevar y no la pases por alto.

Interpretando nuestro personaje
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