Indiferencia, desamor o desafecto

Consecuencias del desamor- Foto: Johnhain
Consecuencias del desamor- Foto: Johnhain

Hay una forma de maltrato- menos aparatosa y visible que los golpes o las vejaciones explícitas, pero igual de traumático e incomprensible- que también se instala en las relaciones familiares de forma habitual y de la que apenas nos percatamos hasta que sus consecuencias se hacen irrefrenables y evidentes.  Da igual el parentesco e incluso el grado de convivencia: si la indiferencia se hace notar, con sus sutiles formas y matices, el dolor llega, mina y contagia hasta deshacer las relaciones de afecto y confianza.

Y, sí, en realidad es maltrato, siquiera por dejadez o abandono emotivo, hacia quienes son, presuntamente, seres amados.

Todos tenemos derecho a ser consecuentes con nuestros sentimientos. Nadie está obligado a amar o a sentirse unido y responsable de otra persona, sea quien sea. Pero tampoco nadie, que supuestamente nos quiere, tiene derecho a confundir nuestra realidad emocional mostrando desidia, desinterés o incluso desprecio por nuestra vida y nuestras cosas, mientras finge que “no pasa nada” en la relación.

El desafecto es también posible y frecuente. Siempre se habla del desamor de las parejas, pero puede darse del mismo modo una falta de afecto hacia parientes directos o hacia amigos de confianza. Las motivaciones pueden ser muchas; pero, en todos los casos, si no es bien llevado y bien expresado ese desafecto, produce un dolor innecesario y extendido en el tiempo.

Amor o indiferencia- Foto: Geralt
Amor o indiferencia- Foto: Geralt

Cuando el desafecto se vuelve indiferencia

Sigmund Freud decía que “lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia”. Todos sabemos cómo hacer frente a una pasión, por negativa que sea. Pero la indiferencia es distante, marginadora, insensible.

La mala gestión del desamor o el desinterés afectivo se manifiesta cuando, pese a la convivencia o proximidad, se actúa hacia el otro con frialdad, desatendiéndole, culpando a factores externos de la propia desidia y, más gravemente, ridiculizando, criticando o menospreciando a la persona a su espalda y ante los demás, para justificar y justificarse uno mismo los gestos displicentes.

El desamor lleva al rechazo y el rechazo a la indiferencia hacia esa persona. Es fácil caer en la tentación de acusar al otro de ese cambio de sentimientos propio, como lo es sentirse, en el fondo, culpable de no amar de la misma manera…Es un autoengaño que no hace sino empeorar la situación y desconcertar a las dos partes implicadas.

Existe un trastorno psicológico conocido como alexitimia que consiste en la incapacidad de quien lo padece para expresar sus emociones. Esas personas, sin ser conscientes de ello, se muestran impasibles y distantes con sus familiares; incluso en las situaciones más graves o comprometidas. Según los psicólogos, también en los primeros estadios de algunas psicosis afectivas o la esquizofrenia pueden percibirse rasgos de indiferencia afectiva. Pero, fuera de esas anomalías psicológicas, el desamor se puede presentar y fuerza a sentir que la presencia del otro incomoda, que no interesa nada de lo que dice o hace, que no se desea seguir viviendo junto a esa persona.

Desinterés- Foto: Viñeta de
Desinterés- Foto: Viñeta de Nik

Sintiendo la indiferencia de un ser querido

Es natural sentirse confuso cuando, de esa persona en quien siempre has confiado, que siempre ha compartido contigo un alto grado de proximidad y cariño, empiezas a percibir gestos de menosprecio, desplantes o caras de aburrimiento, olvidos de cosas o momentos importantes para ti, ausencias inexplicables.

Al principio, lo achacas a impresiones tuyas, a despistes ocasionales, a preocupaciones que le acaparan…; justificas y buscas explicación, por peregrina que sea, para pasar por alto su indiferencia, su frialdad o su falta de ayuda. Te culpas, si hace falta, pensando que quizás eres tú quien se ha mostrado más distante, o no has estado a la altura en ciertos momentos y eso le aleja y le crea cierta desconfianza. Te equivocas, pensando que todo se arreglará, que te quiere como siempre, que en los momentos realmente difíciles estará a tu lado… Pero ves que esa persona se aleja, anímicamente si no también físicamente, por mucho que compartáis techo o intimidad. Ella hace su vida cada vez más ajena a ti, ya no te confía sus vivencias, ya no muestra interés por las tuyas…Y sigues sin creer que eso sea posible.

Control de emociones- Foto: Johnhain
Control de emociones- Foto: Johnhain

Cómo gestionar el desafecto

Bien, como vemos, el desamor es algo que no deseamos pero que sucede en algunos casos; lo importante es cómo lo gestionamos para recomponer nuestras vidas sin herir demasiado a los demás:

  • Ante todo, es imprescindible mantener el respeto propio y también por la otra persona, que en realidad no es culpable de esos cambios en nuestra emocionalidad.
  • Asegúrate de tus sentimientos antes de hacer nada y, sobre todo, no pagues con la otra persona un rechazo del que nada sabe y no puede comprender.
  • No la culpes, no la engañes, asume la responsabilidad de lo que sientes. Piensa que, hasta hace poco tiempo, sentías un fuerte vínculo de afecto con esa persona o personas, que han sido importantes en tu vida, que el separar vuestros caminos no tiene porqué ser el fin amargo de una relación respetuosa y generosa.
  • Lo natural y honrado es actuar con delicadeza y sinceridad, preparar la forma más suave y prudente de dar a conocer a esa persona, cuanto antes, tu nueva situación emocional. Es mejor decir que necesitas dar otro rumbo a tu vida, que entrar en consideraciones afectivas sobre la relación con esa persona. Ella entenderá y no la estarás ofendiendo ni engañando.
  • Habla con ella de forma abierta y sincera, sin alterarse y sin culpabilizar, manteniendo tus propios deseos al tiempo que   respetas su natural ofuscación ante la desagradable sorpresa.
  • Da tiempo para comprender, explicarte y también escuchar.

Y, después, se consecuente con tus propios sentimientos y propicia un alejamiento lo más amable y aceptado posible.

El escritor y psicólogo Walter Riso, especialista en temas de amor- o, mejor dicho, de desamor- escribió:

“Cuando ya no te quieran, lo sabrás aunque no te lo digan. Lo sentirás desde lo más profundo, porque la indiferencia jamás pasa desapercibida.”

Ciertamente, es así, y resulta inútil negarlo o resistirse a hacer frente a la indiferencia del desamor. Una relación que oculta indiferencia es una relación enferma, condenada al sufrimiento y, finalmente, a la ruptura.

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