Felicidad y bienestar

Felicidad y bienestar
Felicidad y bienestar- Foto: TeamXris

Uno de mis dos hijos me regaló para comenzar el año un par de posters que me recuerdan que sonría y que piense y sienta en positivo. Mi otro hijo me lo recuerda de palabra y obra cada día. Este interés de mis dos vástagos en que no olvide ser feliz, me ha hecho reflexionar en qué es la felicidad y cómo se refleja en el exterior. Y es que, no es lo mismo ser feliz que tener bienestar.

Es muy cierto que, para vivir digna y adecuadamente, precisamos que nuestras necesidades físicas y mentales estén cubiertas, y aquí incluiremos las necesidades emocionales. Esos tres factores de la vida humana (cuerpo, mente y afectos) deben estar bien alimentados y cuidados para que vivamos satisfechos. Es el deseable estado que llamamos bienestar y que, sin embargo, no nos garantiza, ni aun estando cubierto en los tres ámbitos, que nos sintamos felices. Se puede ser rico, tener amigos y familia, gozar de buena salud y, aun así, ir triste, cabreado o a la defensiva por la vida…Ser infeliz.

Necesidades y bienestar- Foto: Wofra60
Necesidades y bienestar- Foto: Wofra60

Lo necesario para el cuerpo y el alma

Por la forma en que nos han educado y en la que funciona nuestra sociedad, confundimos el hecho de cubrir las necesidades materiales vitales con la puerta de la felicidad, y alcanzar nuestros más desbordados y caprichosos deseos con ser felices. Lamentablemente, lo primero ya nos lleva demasiado tiempo y esfuerzo como para que consigamos fácilmente lo segundo, con lo cual alcanzar lujos o caprichos materiales se nos antoja un sueño dorado. La mala noticia es que lograr esos objetivos nos hará “felices” muy poquito tiempo; enseguida estaremos anhelando otras cosas. La buena noticia es que la clave de la auténtica felicidad no está en ningún logro físico o material, sino en nuestro interior.

Ser feliz- Foto: Johnhain
Ser feliz- Foto: Johnhain

Esperando la felicidad

Cuando éramos niños sabíamos lo que digo anteriormente: que éramos felices, por actitud, sin miedos, en paz con nosotros mismos. Pero, al hacernos adultos, se nos da a entender que para ser feliz se han de cumplir primero una serie de pautas y empezamos a sentirnos insuficientes e inseguros.

Relegada esa beatífica condición, empezamos a creer que no somos totalmente felices porque nos falta algo: “algo” que conseguir, “algo” que mejorar, “algo” que superar, “algo “o “alguien” a quien amar… Siempre falta algo, o alguien, para que pensemos que estamos completos, satisfechos o seguros; nunca vemos el momento de ser totalmente felices. Siempre esperamos a que nuestras condiciones imaginarias se cumplan, para “poder ser feliz”.

Seguramente, pasarán años, décadas, hasta que descubramos que aquél viaje idílico, comprar lujos anhelados o incluso creer tener nuestros afectos entregados y correspondidos, no nos hizo realmente felices. Si no nos damos cuenta, algo vendrá a demostrarnos que nuestra insatisfacción está siempre ahí, pegada a nuestra espalda, para que sigamos pensando que algo falla, algo falta, algo “tiene que llegar”. Y no es sencillo que pensemos, por propia reflexión, que quizás nos equivocamos al confundir la meta con el trayecto. Quizás, el problema no es el camino sino cómo lo andamos. La dicha no está en llegar (¿a dónde, realmente?), sino en disfrutar cada paso de ese trayecto que es la vida.

Gente feliz- Foto: Geralt
Gente feliz- Foto: Geralt

Gente feliz

Sorprende conocer historias de personas que, sin tener nada de valor material sobresaliente, sin alcanzar grandes metas, ni realizar heroicas proezas, ni incluso contar con buena salud, saben transmitir una serenidad y un amor hacia los demás fuera de la normalidad. Si les preguntan, todas esas personas dicen ser felices. Y lo dicen sonriendo con franqueza, sin bajar la mirada, sin duda alguna. Lo dicen de un modo que hace pensar que no mienten, por mucho que nos preguntemos cómo se puede ser feliz en sus difíciles circunstancias y habiendo vivido lo que han vivido. Estoy convencida de que son felices, principalmente, porque quieren ser felices, porque se sienten en paz consigo mismos y sin importar lo que pase, porque “saben” que pueden ser felices y lo eligen, sean cuales sean sus momentos vitales. No significa que esas mismas personas no vayan a tener momentos de tristeza o de conflicto; significa que son felices porque no dejan pasar los buenos momentos sin disfrutarlos consciente y plenamente.

Ser Feliz- Foto: Alexas-Foto
Ser Feliz- Foto: Alexas-Foto

Recordar la felicidad

Porque, la felicidad, al parecer, no tiene que ver con nada de lo que pasa alrededor, sino con cómo interpretamos lo que pasa alrededor. La felicidad, dicen, tiene más que ver con sentirse vivo que con tener para vivir. La felicidad, parece ser, ya nos viene incorporada de serie pero, mientras crecemos y nos “educan”, nos borran esa sensación de seguridad, alegría y plenitud a fuerza de problemas, exigencias y estereotipos a cumplir. Nos olvidamos de que ya nacimos felices, de que no necesitamos apenas nada para serlo y, como olvidamos, pensamos que la felicidad es una meta a alcanzar, en el futuro.

Y fíjense en que señalo en mis frases eso de que “al parecer”, “dicen” y “parece ser” que la felicidad es innata y perdurable, aunque se esconda, porque soy consciente de que yo también me olvidé de ser feliz y estoy en pleno redescubrimiento, pero no del todo rehabilitada. Aún vacilo, aún me pierdo, aún padezco ratos o temporadas enteras de amnesia de felicidad. Por eso no me va nada mal que mis hijos y quienes me quieren me hagan recordar cómo ser feliz y los muchos motivos que tengo de serlo…Y a ustedes, ¿les viene bien ser felices?

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