Enamorarme de mí, un reto de autoestima

Amor propio- Foto: Flickr CC
Autoestima- Foto: Flickr CC

Pasó mucho tiempo, muchísimo, hasta que volví a fijarme en mi. Antes lo había hecho, cuidando mi autoestima, reconociéndome, educándome en ese amor a mí persona y en ese reconocimiento propio para no traspasar límites indeseados y caer en la vanidad. Antes, me quería y me valoraba, frente a todo o pese a todo.

“Enamórate de ti, y después de quién quieras”- Anónimo.

Pero me enamoré de otra persona, o de su espejismo, y dejé de fijarme en mi misma. Ya saben lo que es eso que llamamos “amor” y que suele referirse al vínculo de pareja: obnubilación, idealización, costumbre, dependencia emocional… Me olvidé de mí para mimar ese ensueño. Me entregué en cuerpo y alma a ser lo que otros esperaban que fuera, no lo que yo y como yo quería ser. Eso no es malo ni es bueno, es lo que fue. Pero me olvidé de mí misma, me olvidé de mirarme.

Apenas volví a verme mientras hice de madre, de esposa, de hija agradecida y atenta, de trabajadora responsable, de adulta “madura”… Ni siquiera me veía cuando estaba a solas y esa desazón de estar olvidando algo, de que algo no cuadraba en mi casi perfecta y tranquila vida, me martilleaba por dentro.

Así que fui olvidando cómo soy, relegando lo que puedo hacer, lo que quiero hacer, decir o pensar. Me quedé obsoleta, a fuerza de creer que debía actuar de otras formas, pensar otras cosas, querer a otras personas más que a mí misma. Luché en otras guerras, y me perdí.

Atrapada (Trapped)- Foto de Logan Prochaska- https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/
Atrapada (Trapped)- Foto de Logan Prochaska- https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

No estaba sola, estaba conmigo

No lamento nada del pasado, salvo haber olvidado por un tiempo lo que me enseñó de mí misma. Fue a causa del golpe, hay que considerarlo. El golpe de realidad que llegó, porque tenía que llegar; siempre llega, aunque una se empeñe en seguir dormida y aferrada a esa quimera que se marchita. Se rompió el ensueño y resquebrajó el pedestal en donde había puesto lo que creía mi vida.

Es muy duro comprender que no te amaban como amabas tú, que nada es eterno y que, por más que te esfuerces, no siempre vas a ser entendida, respetada o tolerada en la misma medida que intentas entender, respetar o tolerar a los que quieres. No es que los demás sean peores que una misma; es que no son como una misma. Comprender eso me costó la soledad interior, porque fue entonces cuando creí que no había nadie dentro de mí.

Pero una verdad no puede ocultar otra y, cuando el paso del tiempo y mi instinto de supervivencia hicieron que el dolor y el miedo se mitigasen, me di cuenta de que algo “nuevo” pasaba. Me di cuenta de “esa yo” que a veces emergía de mi “yo” hecha trizas y me sacaba de apuros, arrancaba sonrisas, empatía o hasta un poquito de aprobación. Empecé a sospechar que yo era algo más que vulnerable, herida e insignificante. Empecé a pensar que, lo que yo quería, pensaba o tenía por decir, importaba tanto como lo de los demás; incluso que todo eso podía ser compartido por algunas personas, no todas, no las mismas que había conocido.

Fue también un periodo lento y doloroso, pero pienso que progresivo. Nada de catarsis milagrosas e inmediatas, nada de místicas luces al final del túnel. Cada cual precisamos nuestro tiempo de recuperación, y creo que soy de las lentitas. Pero, aunque yo no lo supiera, aunque el sufrimiento me lo ocultara, ahí estaba yo, la de verdad, agazapada- o contenida por mi yo sufriente, quién sabe- esperando cualquier pequeña oportunidad para mostrarme a mí misma.

Jugando sola- Foto de Cristinaureta- CCO
Jugando sola- Foto de Cristinaureta- CCO

Descubriendo mi autoestima

Y un día me vi pasar, y no podía dar crédito. Como cuando te topas con una persona cuya presencia te cautiva, como cuando ves en alguien rasgos insospechados y que puedes admirar, como cuando descubres el amor a primera vista. Asombrada de mi misma, cómoda en mi compañía, segura de mi firmeza y mi capacidad. Hermosa en mi sencillez, valiosa en mi decisión, feliz conmigo misma. Toda una revelación, sentirme así.

Desde que me vi ese día, no dejo de ponerme a prueba. Quiero saber si realmente soy yo, si no es otro engaño de mi ego, si no es tan solo un estado de ánimo pasajero. Sé que, como en cualquier adicción, puedo recaer en creer más en lo exterior que en mí misma. Sé que, como en cualquier amor, puedo auto engañarme, idealizarme y volver a perderme. Pero me gusto, por fin, o, mejor dicho, me gusta aceptarme; y sigo buscándome y provocándome, como quien ronda a la persona amada hasta conseguir su atención. Me gusta que sea tan fácil ser yo misma. Me gusta que, a esa yo, le resulte mejor seguir su instinto que lo que dicen los demás. Me gusta que mi autoestima me permita amar mejor a propios y extraños. Me gusta entender la diferencia sin dejar de ser yo misma.

Soy apenas un reflejo en un cristal, pero me estoy enamorando de ese reflejo. Sé que debo girarme para ver a la persona real y no toparme tan solo con el cristal. Cambiar de enfoque, cambiar de sentido, verme en realidad, con mis luces y mis sombras. Todo un reto que ahora, al menos, puedo describir y me motiva ¿Lo habéis intentado vosotros?

Enamorarme de mí, un reto de autoestima
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