El perdón

Perdón sin rencor- Foto:RondellMelling/pixabay.com
Perdón sin rencor- Foto:RondellMelling/pixabay.com

Vivir con resentimiento hacia alguien añade, a la amargura de tener el pensamiento constante de haber sido tratado injustamente, el malestar de ser incapaz de dar el perdón a quien nos dañó.

A nadie le gusta reconocer que no se siente capaz de perdonar a otra persona; por eso produce temor y vergüenza que se sepa. Existe muy mala tolerancia social al dolor de los demás, y el daño emocional es tratado como algo que debe ocultarse y olvidarse. No es así: olvidar los agravios y el dolor causados por terceros es complicado y costoso, y debería comprenderse. Tenemos que admitirlo, como tenemos que admitir que no podemos vivir saludablemente con ese rencor a cuestas.

El perdón, a quién, cómo y cuándo

Que sí, que el perdón de las ofensas es muy bonito, muy loable, muy deseable y deseado. Pero no es sencillo, ni automático, ni tan voluntario como lo pintan desde fuera. Depende de la ofensa, claro. No es lo mismo perdonar una falta de respeto, divergencias de criterio o hasta un hecho poco grave y puntual, que perdonar a quien te hizo un daño irreparable a ti o a alguien querido.

No se trata de incorporar el revanchismo como táctica de defensa sistemática, sino de reconocer lo que los sentimientos heridos y las consecuencias de lo ocurrido te fuerzan a pensar. Por eso el perdón no es siempre inmediato, ni basta con decir que se perdona, por mucha buena voluntad y deseos que se tengan.

Antes de sentirse capaces para el perdón, hay que sanar los propios pensamientos y las emociones negativas que generan. Aceptar esto y asumir que se siente rencor, sin culpabilidad pero queriendo desterrarlo, es básico para esa sanación interior y completa. Y entonces sí se es capaz de perdonar, sin esfuerzo ni reservas.

Deja ir el pasado- Foto:Geralt/pixabay.com
Deja ir el pasado- Foto:Geralt

El perdón sincero

El perdón es lo siguiente a reponerse del dolor y el resentimiento que produce una traición o un daño generado por alguien a quien quisimos o en quien confiamos; pero no es lo mismo. Perdonar es el punto culminante de esa recuperación de nuestras vidas, la parte final del trayecto. Pero, para perdonar real y sinceramente, hay que haber logrado que el recuerdo de esa persona y esos hechos nos deje de doler.

Igual que para tener fe no basta con hacerse feligrés de una religión sino que hay que creer real e íntimamente en ese dogma, para perdonar con sinceridad no basta auto convencerse de que “se ha de perdonar”. Esa idea errónea no hace más que complicar la situación emocional, creando más confusión, más culpabilidad y más angustia.

Reflexión y comprensión- Foto:Johnhain
Reflexión y comprensión- Foto:Johnhain

Cómo perdonarse y perdonar

Ciertamente, para sanar la propia emotividad hay que superar el rencor y los prejuicios creados por el sufrimiento. Pero hay que comenzar ese proceso desde la calma, la comprensión de uno mismo, el comenzar a perdonarse sentir animadversión por quien nos dañó. No estoy diciendo que hay que disculpar ese resabio o justificarlo por lo ocurrido; digo que hay que reconocer que se siente, sin añadir culpabilidad por sentirlo. Solo así, encarando las propias emociones, se puede decidir si nos ayudan o nos perjudican y si debemos o no mantenerlas. Y se puede salir del resentimiento y llegar a la capacidad de perdonar de corazón.

Muchas personas andan diciendo que perdonaron los agravios recibidos, mientras su ofensor está lejos o le dan por inalcanzable; pero, en cuanto esa persona vuelve a aparecer o se refrescan los malos recuerdos, sienten de nuevo que ni han olvidado ni mucho menos perdonado, como afirmaban e incluso creían. El perdón es la total liberación para el que perdona, más que para el perdonado. Pero solo será permanente y liberador si es sincero, si es real, si se siente interiormente como un hecho consumado.

Perdón- Foto:Erika Wittlieb
Perdón- Foto:Erika Wittlieb

Claves para iniciar el perdón

Para hacer esa elección de perdonar, hay que tener en cuenta estas cuestiones:

  • Perdonar no significa quitar importancia a los malos comportamientos o hechos de la otra persona. Ni tampoco es necesaria una reconciliación con quien hizo el mal. Perdonar significa dejar atrás el dolor y sentir que no tiene sentido para la propia vida seguir acusando y lamentando.
  • Para llegar a la capacidad de perdonar hay que enfrentar los propios sentimientos, reconocer y asumir las emociones negativas, trabajar para deshacerlas desde la comprensión de uno mismo y de los motivos del otro.
  • También hay que asumir los propios errores en lo ocurrido y en los efectos posteriores, sin castigarse por ello pero admitiendo esa parte de responsabilidad.
  • Para sanar el resentimiento, como toda emoción negativa, conviene expresar lo que se siente a alguien de confianza. Nada aleja más una mala emoción que compartirla y desahogarse. A falta de una persona cercana con quien comentarlo, un terapeuta psicológico será de gran ayuda para enfocar bien el conflicto emocional.
  • No hay que precipitar el perdón; lo primero es sentirse capaces de otorgarlo. Perdonar es algo íntimo que solo puede hacerse por el propio beneficio y no para contentar a los demás.
El perdón

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: