El largo verano de Paul y Joanne

Paul Newman y Joanne Woodward, cincuenta años de complicidad sentimental.

Paul y Joanne en la promoción de la película "El largo y cálido verano"- Foto: 20th Century Fox - Dominio Público.
Paul y Joanne en la promoción de la película “El largo y cálido verano”- Foto: 20th Century Fox – Dominio Público.

Si a Paul Newman le acompañó lo que él llamaba “la buena suerte Newman”, fue sin duda en la persona de su segunda esposa, la también actriz Joanne Woodwar, y en los cincuenta años de estable vida sentimental que les unió. Su historia de amor no pudo comenzar de forma más romántica, durante el rodaje de la película “El largo y cálido verano” (The Long, Hot Summer), bajo la dirección de Martin Ritt. Juntos se convirtieron en los protagonistas de uno de los films más inolvidables del cine y en una de las parejas más estables de la vida real. Pero no siempre su largo verano fue cálido, para Paul y Joan.

Paul Newman y Joanne Woodward-1960- Foto: Flickr.com
Paul Newman y Joanne Woodward-1960- Foto: Flickr.com

Paul Newman y Joanne Woodward, idilio de película

Joanne Woodward declaró en alguna ocasión que, cuando conoció al que después sería su marido, no sintió interés por él. A principios de los años 50, coincidieron en el Actor’s Studio de New York, ambos participaron en obras de Broadway, y Paul era ya un reconocido galán y un actor “de método”, que empezaba a despuntar en el cine; pero, para Joan, era “otro guapito más, que buscaba triunfar con su simpatía”, aficionado a las carreras de velocidad, sin inquietudes culturales y, sobre todo, casado, con tres hijos y con sobrada fama de ser fiel.

Por su parte, Joanne había debutado en algunas obras de teatro en su Luisiana natal, y destacado en los escenarios de Broadway, consiguiendo ser fichada por la 20th Century Fox. En 1955 filmó su primera película, Count three and pray, y dos años más tarde, en 1957, conseguiría el Oscar a la mejor actriz por su papel en “Las Tres Caras de Eva” (The Three Faces of Eve). Era una joven promesa como actriz, bella, sofisticada y talentosa. No en vano, Joan Woodward fue la primera, entre todas las personalidades del cine, en tener su propia “estrella” en el célebre y ansiado Paseo de la Fama, de Hollywood. Admiradora de la cultura y las modas europeas, apasionada del ballet y las artes clásicas, sus preferencias y su carrera de actriz dramática parecían alejarle del perfil de las típicas “partenaires” femeninas de los grandes galanes de la época, como el joven y atractivo Paul Newman.

En 1958, Joanne y Paul son llamados para el rodaje de otra historia pasional, basada en una novela de W. Faulkner, en la película que marcaría sus vidas: “El largo y cálido verano”, donde encarnarán a los enamorados protagonistas. Fue durante ese trabajo, según sus propias declaraciones, cuando Joanne empezó a apreciar que Paul era “algo más que una cara bonita” y cuando Paul traicionó sus conservadores principios, comenzando su romance a pesar de estar casado y tener hijos. Ese mismo año, la pareja contrajo matrimonio, después de un rápido pero duro divorcio de Paul Newman con su primera esposa, Jackie Witte.

En la película Winning-1969- Foto: Commons Wikipedia
En la película Winning-1969- Foto: Commons Wikipedia

El frío en el largo verano

Pocos matrimonios en el mundo resultan tan longevos como el de Paul Newman y Joanne Woodward, y menos aún en el convulso Hollywood de los años 50 y 60, siendo ambos reconocidas estrellas y notables bellezas. Y, lo que es más admirable, sin que la pareja deje de estimarse y valorar su complicidad por encima de todo.

Hubieron, por supuesto, escépticos de su amor, que auguraron una ruptura más pronto que tarde- al modo usual de la farándula hollywoodense, y vista la primera experiencia matrimonial de Newman- y la prensa rosa no dejó de vigilarles, en espera de conflictos o segundas parejas. Joanne supeditó su carrera profesional a su vida de casada y madre de familia, trabajando como actriz sobre todo junto a su marido. Tal vez por ello, a pesar del auge como actor y galán de moda de Paul, la pareja no solo seguía consolidada al paso de los años, sino que superaba crisis personales y sentimentales, como el alcoholismo del actor, o los rumores expandidos acerca de su romance con la periodista mediática Nancy Bacon, en 1969, al tiempo que rodaba la mítica película “Dos hombres y un destino”, con Robert Redford. Se habló entonces de un posible divorcio, pero Joanne y Paul solventaron la cuestión reforzando su unión, ignorando las maledicencias y con una radical cura de desintoxicación que apartó a Newman de todo alcohol que no fueran cervezas.

Otra difícil prueba para su unión fue el duro golpe para Paul Newman, en 1978, al morir de una sobredosis su hijo Scott, fruto de su anterior matrimonio. La ayuda de su esposa, Joanne, no solo sacó al actor de la tremenda depresión que sufrió por esa pérdida, sino que le animó a fundar una institución para la lucha contra la drogadicción, que se llamó Centro Scott Newman, en honor a su hijo.

Joanne y Paul, miradas de complicidad- Foto: Flickr.com
Joanne y Paul, miradas de complicidad- Foto: Flickr.com

El matrimonio de Newman y Woodward como ejemplo

El paso de los años no solo hizo mejor actor a Paul Newman, sino también mejor persona. El fallecimiento de su hijo le hizo recapacitar sobre la clase de paternidad que ejercía, siendo estricto y habiendo estado ausente por su profesión largos periodos, y decidió cambiar eso para dedicarse más a su esposa y su familia. Decía que, ya que no había sido el padre que soñaba, sería el abuelo que sus nietos merecían.

Quizás no fue solo el tiempo y los avatares de la vida lo que le enseñó esa lección, sino la presencia constante y fiel de su mujer. Dicen que “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”, pero el lugar más conveniente es al lado, y ahí supo estar Joanne Woodward para su marido. Como Paul le decía en una carta, antes de su matrimonio: “No se trata sólo de casarse con la pareja adecuada, es ser para el otro el socio adecuado.”

Por toda esa trayectoria como pareja, la impoluta unión y dedicación familiar con sus tres hijas en común, Nell, Lissy y Clea, y la complicidad de sus gestos en público, Paul y Joanne fueron siendo considerados “la pareja ejemplar del mundo del cine”. La impecable esposa apoyó siempre a su marido, tanto en sus proyectos profesionales –no solo protagonizó importantes películas, sino que se convirtió en empresario de alimentos ecológicos y fue piloto de carreras automovilísticas -, como en su conocida faceta de activista social. Paul Newman destinaba gran cantidad de sus ingresos a fundaciones altruistas, ayuda a poblados africanos y otras actividades solidarias, y pertenecía a la Alianza para la Defensa del Medioambiente, asociación que representaba públicamente con orgullo.

No hay duda de que cincuenta años de matrimonio son un gran logro para una pareja. En el caso de Joan y Paul, solo la muerte pudo terminar con su largo, largo verano de amor y convivencia. En el año 2008, Paul Newman claudicaba al cáncer que le aquejó a comienzos de ese año, decidiendo morir junto a su familia en su casa de Connecticut. Falleció el 26 de septiembre de 2008, a los 83 años de edad.

El largo verano de Paul y Joanne

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