Clases de quejas

Queja y enfado- Foto: PDPics
Queja y enfado- Foto: PDPics

La queja y la protesta son algo habitual en este mundo acelerado y lleno de exigencias ¿Y tú?, ¿de qué te quejas?…O,mejor dicho, ¿cómo te quejas? Te explico las diferentes clases de quejas y cómo gestionarlas.

Sin siquiera darnos cuenta, nos pasamos la mayor parte de tiempo quejándonos; no siempre en voz alta, no siempre de lo mismo sino de lo contrario. Aunque no lo verbalicemos, cada día nos quejamos mentalmente de mil cosas, grandes o pequeñas, importantes o no. Nos machacamos a nosotros mismos en un alud de auto reproches, o acusando a otros de nuestros contratiempos, de nuestros problemas, de nuestro pasado…; o incluso juzgando sus vidas, sus modos de hacer, lo que suponemos que sienten y porqué hacen lo que hacen. No dejamos de quejarnos, aunque las quejas nos pongan de auténtico mal humor o nos depriman.

Por ese motivo, sería bueno aprender a diferenciar los tipos de queja, tanto propias como ajenas. Intentemos a continuación entender por qué nos quejamos, ver lo que son quejas comprensibles o excusas justificadoras, o cómo manejar las quejas de “nuestra cabeza” o las que vienen del exterior.

Expresar la queja- Foto: OpenCliparVectors
Expresar la queja- Foto: OpenCliparVectors

La utilidad de la queja

Será por ser tan cotidiana, que la queja se ha convertido en algo tan consustancial en nuestra vida que ni siquiera advertimos que nos estamos quejando; tampoco reparamos en las quejas de los demás, ni en lo que significa cada tipo de queja. No es lo mismo lamentarse de tener una necesidad perentoria, que quejarse de que molesten las quejas del necesitado. La queja ajena, cuando es notoria o continua, incomoda, sea o no razonable o motivada, por lo que tiene de apelación a la conciencia ajena. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice el viejo refrán…, y duele que nos recuerden la necesidad de otros y nuestra posibilidad de ayudar. Pero, quien no habla de sus problemas no los hace visibles y, por lo tanto, no consigue ni ayuda, ni aligerarse el ánimo de ese peso angustioso.

Entendemos más al enfermo que explica una y otra vez sus cuitas de salud, aunque ya se sepan y nadie salvo los médicos pueda hacer nada, que lo que parece una queja y es un reclamo de auxilio. Hace unos años, cuando los derechos de la mujer eran aún menos igualitarios, la que se quejaba de recibir mal trato por parte de su marido era contestada con requerimientos de paciencia y sometimiento al esposo. También las protestas por discriminación étnica o racial pasaban inadvertidas para la mayoría blanca dominante, hasta que determinados ejemplos empezaron a remover conciencias. Eran llamadas de auxilio y justicia, calificadas de simples quejas para justificar la discriminación de ciertos colectivos, bajo una moralidad tradicional e injusta y unos principios socialmente instalados y muy poco éticos y humanitarios. General y afortunadamente, y gracias a la insistencia en las quejas y protestas de aquellos afectados en el pasado, ahora se condena que una mujer esté siendo maltratada y se rechaza cualquier signo evidente de racismo o xenofobia. Pensemos qué hubiera pasado si nadie en esas minorías hubiera alzado la voz para protestar por la situación discriminatoria de esa persona y los que son como ella…Puede que aún fuese legal la esclavitud, que las mujeres no tuvieran derechos como personas libres y autónomas, o que otras razas siguiesen siendo consideradas inferiores por la raza predominante.

Queja y diálogo- Foto: Johnhain
Queja y diálogo- Foto: Johnhain

Cómo gestionar la queja

Los más prestigiosos psicólogos y coachs conductuales recomiendan, como ejercicio para conocerse mejor, fijarse en cuántas veces al día hacemos afirmaciones quejosas, mental o verbalmente. Si lo intentan, verán que el porcentaje más alto de lo que pensamos se expresa como queja. “Voy a llegar tarde”, “nada me sale bien”, “soy un desastre”, “qué fastidio tal o cual cosa”…; sea por nuestra causa o por los hechos o personas del entorno, hay miles de situaciones que nos contrarían y se manifiestan así en nuestra mente, diariamente. Darse cuenta de si tenemos una línea de pensamiento que se queja de modo constante o no, es el primer paso para gestionar la queja y convertirla en menos estresante, culpabilizadora y presente.

Al fin y al cabo, la queja banal, por costumbre, solo sirve para complicar nuestra visión del mundo y de lo que nos sucede. Las personas con baja auto estima suelen culpabilizarse de casi todo, impulsadas por ese mal concepto de sí mismas que tienen y que siempre les acusa. Es importantísimo saber perdonarse los propios defectos o errores y aprender a reconocerlos o enmendarlos, sin sensación de vergüenza o temor al qué dirán, para asumir nuestros actos con responsabilidad pero sin auto acusaciones.

Por el contrario, todos conocemos a personas que solo se quejan de lo mal que lo hacen los demás, de lo mal que se porta con ellas el entorno, y que sin embargo parecen sentirse infalibles y perfectas ellas mismas. En realidad, buscar culpables continuamente en el mundo exterior, no solo deja ver una incapacidad de autocrítica y responsabilidad, sino el deseo de ocultar cierta inseguridad personal. Señalar al otro o a circunstancias externas aparta el foco, supuestamente, de uno mismo y de la propia sensación de tener parte o toda la culpa de algo.

Si quieres librarte del pesimismo y la amargura de la queja constante, analiza tus pensamientos; mira si existe otro modo de formularlos, no tan acusatorio o dramático. No es lo mismo pensar “este tráfico me va a hacer llegar tarde”, que pensar en alternativas al problema o formular un pensamiento más constructivo, como por ejemplo: “¿qué podría hacer mientras espero poder llegar?”.

Protesta y manifestación- Foto: OpenCliparsVectors
Protesta y manifestación- Foto: OpenCliparsVectors

Gente que se queja

Para las quejas de los demás, debemos utilizar la paciencia y la comprensión. Saber escuchar implica saber también cuando dejar de hacerlo. No conviene permanecer mucho tiempo cerca de esas personas que se quejan de todo y por todo – algunas pertenecerán sin saberlo a las llamadas “personalidades tóxicas”– pero también es interesante prestar atención a lo que dicen los demás, para ser justos o solidarios.

El modo y la forma de expresar una queja también es importante, sea individual o colectivamente. Las protestas o reivindicaciones pacíficas, argumentadas y pertinentes siempre serán mejor comprendidas que las manifestaciones furiosas, violentas o sin diálogo.

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