Acoso escolar y suicidio infantil, evitar la tragedia

El acos margina- Foto: RyanMcGuire
Foto: RyanMcGuire

¿Están nuestros niños seguros y a salvo en sus centros escolares? ¿Cómo saber que no sufren acoso emocional o físico de otras personas? Intentamos reflexionar sobre ese problema social y familiar, y sugerimos cómo detectarlo.

Desde los medios de comunicación, anda este país conmocionado estos días con la noticia del suicidio de un pequeño de 11 años, Diego, que decidió en su desesperanza que, para escapar de lo que le torturaba, había que saltar por la ventana del quinto piso familiar. Atrás quedaron para él la obligación de acudir a una escuela donde, al parecer, se sentía mortificado por sus propios compañeros, la autoculpabilidad injusta que eso le acarreaba, y la tierna y triste carta donde lo explicaba todo-a su modo- y que legó a sus padres, custodiada por su muñeco favorito, Lucho.

Parecería que un acoso tan grave como el sufrido por Diego es un caso aislado, improbable, anecdótico en la casuística; pero no, ni es aislado, ni pasa pocas veces, sino, más bien, parece que al contrario: se da en la mayoría de colegios, habitualmente, repetidamente en muchas ocasiones. Que actos luctuosos como éste tengan que pasar para que se hable de lo que supone el acoso escolar, del descuido o colaboración imprudente de los propios profesores, o del inconsciente despiste de unos padres que no saben ver que algo grave ocurre en la vida cotidiana de su hijo o hija, debería hacer reflexionar a todos sobre cuánto y cómo protegemos a nuestros niños.

Niño triste- Foto: PublicDomainPictures
Niño triste- Foto: PublicDomainPictures

Cómo influye el acoso escolar

Es lamentable que un niño o una niña deban soportar las burlas o ataques constantes de sus propios compañeros- en casos, de sus profesores- en los centros escolares donde tendrían que sentirse seguros y tranquilos. Más lamentable es el trauma que esto crea en sus jóvenes mentes, y que a menudo les impide expresar el tormento que viven a diario, con lo que se perpetúa. Pero aún es más terriblemente lamentable que ese acoso cotidiano e insoportable, les arrastre a pensar en la muerte como puerta de escape.

En diciembre de 2015, hace un mes cuando escribo esto, un joven transexual de 17 años llamado Alan se quitó la vida para no soportar el acoso homofóbico que venía padeciendo en su instituto, desde los 14. En mayo de 2015, otra menor madrileña se lanzó por el hueco de las escaleras de su casa, atormentada por el acoso y las amenazas de un compañero de clase. “Estoy cansada de vivir”, escribió Arancha en un mensaje a sus amigas. Son casos puntuales, pero recientes y tan solo en España. Cómo será a nivel mundial.

Si todo eso es patéticamente incomprensible, aún lo es más que, después, cuando ocurren esas tremendas desgracias, la tragedia prosiga con acusaciones cruzadas, búsqueda de exculpaciones o suposiciones que descarguen la responsabilidad de unos y otros mientras la persona importante, el niño, es quien más ha perdido: primero su merecida tranquilidad emocional, luego la vida.

Quien más quien menos, todos hemos conocido lo que es eludir al “abusón del cole y su panda”. Muchos dejamos atrás a esos grotescos personajillos junto con otras vivencias infantiles, y algunos sufrirán todavía sus secuelas del acoso en forma de complejos o fobias, aún en la vida adulta, aun sin relacionarlo. Cabe pensar si queremos eso mismo para nuestros pequeños y lo tomamos, como algunos padres de antaño, con un “no les hagas caso” o un “son cosas de críos”, o profundizamos un poco y comprendemos que, hoy en día, con la magnitud de importancia que cobran las redes informáticas para esparcir infundios y rumores, el escarnio y la mofa puede perseguir a los peques hasta fuera del colegio. No son solo palabras necias, algunas collejas o apodos ofensivos; son días y días de tortura psicológica, de convivir con los verdugos, de sentir pánico y vergüenza…Y de no saber por qué, ni qué hacer, ni cómo escapar. Eso es el acoso o “bullying”.

Atención de los padres- Foto. OpenCliparsVectors
Atención de los padres- Foto. OpenCliparsVectors

Cómo comprobar si los niños o adolescentes sufren bullying o acoso

Lo importe, para empezar, es asegurarse de que el ambiente familiar ofrece a los niños toda la confianza, comprensión y sentimientos de protección que necesita. Todo niño o niña necesita percibir en su familia- principalmente en los padres- que es querido, atendido y defendido. No basta con que los padres piensen que hacen lo preciso por sus hijos, sino que se cercioren de que los menores lo saben así. Muchos niños temen contar en casa los problemas que encuentran en otros entornos, porque se sienten expuestos al juicio de los padres; temen ser culpabilizados, tildados de débiles, incapaces o quejicas. Hay que estar atentos, especialmente si, aun comprobando que el niño o niña se siente arropado y feliz con la familia, se percibe en ellos algún cambio de carácter o actitud como:

  • Repentina y continuada tristeza inexplicable o de la que rehúye hablar.
  • Cambios de conducta o hábitos. Irritabilidad, agresividad, dejadez de actividades que le gustaban, desgana de estar con los amigos, etc.
  • Falta cotidiana de apetito, insomnio o, por el contrario, somnolencia excesiva.
  • Negación repentina de ir al centro de estudios, excusas incesantes y habituales para ausentarse de las clases, bajada inexplicable de su rendimiento escolar o del interés mostrado siempre por los estudios. Problemas en la escuela, aunque no indiquen acoso.
  • Desinterés o descuido por su aspecto y su higiene.
  • Aislamiento de familia y amigos. Automarginación, introversión repentina. Evitación de tratar temas relacionales propios con la familia.
  • Interés por la muerte, curiosidad por formas o casos de suicidio, frases relativas a la dureza de sus vidas, al hartazgo de vivir o a la “valentía” de quitarse la vida.

Estos y otros comportamientos- probablemente varios de ellos al mismo tiempo- pueden indicar que el menor sufre algún tipo de estrés traumático que lo inhibe y que teme o le avergüenza mencionar. Son los padres los que deben indagar, con respeto, delicadeza y afecto, asegurándoles a los niños ante todo que nada es más importante que su propio bienestar. Prueben a sugerir un cambio de escuela o instituto y observen su reacción; tal vez le noten aparentemente indiferente, o incluso aliviado, lo que indicaría que no sienten mucho arraigo en el que se encuentran. Dialoguen, consúltenlos, muestren confianza en su criterio para que ellos confíen en ustedes. Un menor que se siente fuerte y respaldado en casa, se sincerará más abiertamente de lo que le hace sentirse vulnerable en el exterior.

Y, sobre todo, no permitan que sus hijos se sientan solos, diferentes o inferiores ante la vida. Solo así les protegerán y les mostrarán lo bello de vivir.

Acoso escolar y suicidio infantil, evitar la tragedia

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